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Cada vez mas ... Persona - Setiembre 2012
Tuesday 04 de September del 2012
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LIMA - PERÙ  –  SETIEMBRE 2012


Cada vez más
PERSONAS TE HABLAN, SEÑOR

Personas que viven inmersas en nuestra ciudad de cemento y asfalto, donde se agitan seres anónimos que van descubriendo a Dios en cada tarea, vocación o estado, palabras lanzadas para penetrar en el surco abierto del corazón humano y revelar desde allí la acción providente.

Por eso no busques grandilocuencia en ellas, tú descubrirás simplemente el lenguaje de alguien que quiso comunicarse por medio de ellas, imprimiéndoles el ritmo sereno de recogimiento y musitando contigo la plegaria de quien va descubriendo al Señor en el mundo.

Solo es nuestro deseo que con la sencillez de tu fe adulta o la transparencia que se va gestando en los corazones nobles, extraigas tú mismo un mensaje capaz de hacerte entregar, y comprender las pequeñas grandes maravillas de todos los días. . .

UN  NIÑO

Dios, Tú me ves… ¿no es cierto?
Sabes que mi nombre es Diego, que estoy en segundo grado, que tengo flequillo, ojos grises y unos papás muy buenos.
Si me conoces… ¿Por qué entonces, yo no puedo verte?
A veces quisiera que me hablaras… que me dijeras como eres de grande..  si eres capaz de volar como Superman, de manejar un auto como el hombre invisible… de hacer tantas cosas, como la mujer biónica… pero claro, ¡vestido de varón…!
Mamá me mostró unas láminas. Dijo que esa era “tu historia…”. A mí me parecía un cuento… sin embargo la creí toda… porque ella nunca miente.
Aunque… Hagamos un trato, Dios.
¡Yo necesito verte!
Si Tú me hablas, te regalaré todos los autitos de mi colección, para que se los des a otros nenes del mundo.
¿Sabes, Dios…? Quiero decirle a mis amiguitos que es verdad que existes… y que sólo Tú eres el más importante, el más valiente… el más fuerte… el único capaz de acabar con todo lo que hace sufrir a las personas grandes.


…   …   …

 

Pero, si no quieres hablarme, Dios, no importa.
No voy a enojarme ni a llorar. Yo igual voy a defenderte.
Mi papá me dijo que Tú estás en mí, siempre, aunque a veces desobedezca o me porte mal…
Por eso, Dios, no me digas nada. No me cuentes nada.
Total… yo sé que eres mi amigo, me escuchas, cuando te hablo… y eso es suficiente.
¿Entendiste, Dios?

 


UN ADOLESCENTE

He venido a buscarte, Señor.
¡Me rodean tantos hechos que no comprendo!
Muchos me preguntan: “¿En qué piensas…?” y…
¡A ellos no puedo decirles que tengo miedo…!
Pero… ¿sabes, Dios, cuál es mi mayor temor…?
Llegar a ser grande. Ser capaz de olvidarme de ti por las preocupaciones, por las noticias de los diarios, por las salidas, por el dinero.
Tengo tanto amor para dar que me parece que el mundo es pequeño…
y a veces me siento tan solo, tan poco considerado, que no sé dónde ha de morir ese amor si sigue creciendo.
Creo que todos en última instancia estamos un poco confundidos…
que les cambiamos los nombres a los sentimientos, a las acciones, hasta a ti mismo.
Y Tú… ¿cómo podría llamarte, sino Jesús-Cruz, para siempre?

 … … …


La gente grande vive separada, Señor.
Ellos proclaman:
         — Tenemos diferentes ideas…
         — No pensamos lo mismo…
         —  No coincidimos…
Y estas frases son suficientes para crear barreras de egoísmos, de competencias, de dudas…
Por eso, Señor, me duele cuando alguien me dice:
         — Ya eres casi una persona mayor
Ser mayor no significa, siempre, haber crecido contigo, haber comprendido el valor de una mano tendida, saber amar a un hermano, pedir perdón a tiempo.
Ser mayor es otra cosa, y a mí me duele, Señor, pensar que transitaré por una calle que no conozco, o que tendré que aprender otra lengua para hallar  a un amigo.

… … …


Aquí me tienes, mi Dios.
Te ofrezco mis manos. Ayúdame a cruzar el puente, despaciosamente…
Ah, se me olvidaba decirte algo.
Cuando llegue al otro extremo, cuando acabe esta adolescencia, avísame.
Entonces abriré grandes los ojos.
Sé que con tu luz todo seguirá siendo hermoso, y que con el recuerdo de la mano que me has dado, sólo podré hacerme tu alfarero, un alfarero nuevo, en el mundo de las personas mayores.

 



UN ADULTO

Señor, yo creo que los adultos estamos divididos en diferentes grupos:

a) los que amamos
b) los que no amamos
c) los que simulamos
d) los que hablamos
e) los que actuamos

Sé que cada uno de nosotros, incorporado a un grupo, puede hacer algo. Pero depende de la relación que tenga contigo, la calidad de la obra.

Si separamos a cada grupo en particular podemos, por otra parte, hallar en ellos a seres que no saben como han llegado al mismo…. Y si lo saben, es dando excusas poco válidas: pautas, acercamientos particulares, miedos, necesidades, carencias, valores supletorios,  etc…
¿Dónde está, Señor, el adulto que Tú buscas? ¿Cuál es?

Creo que tu hombre adulto es el que vive su auténtica fe, el que no se desengaña frente a los errores de los otros, el que dice la palabra justa para corregir.
Tu hombre adulto ama y obra, pero te ama a ti en los otros, y obra por ti a favor de los otros… Su presencia da seguridad, inspira respeto, pregona tu mensaje.
Tu hombre adulto va por los caminos dando testimonio… y cuando él pasa, las glorias humanas, los falsos dioses: el dinero, el status, el confort, todo lo creado para vivir sin vivirte, se derrumba.
Señor, aún me falta mucho para ser un hombre adulto. No sé si llegaré a serlo. ¡Tú eres un dios exigente!
Pero, ya que me has indicado el camino, lo intentaré, aunque caiga muchas veces, porque Tú también me has enseñado que caer, sin sucumbir, es ser adulto.


UN ANCIANO


Señor, ¿Tú alguna vez dijiste que llegar a anciano es convertirse en carga?
Quizás no lo recuerdes o acaso los hombres han interpretado muy mal tus palabras.


Este edificio, casi lujoso es un centro geriátrico. Sí, Señor, no voy a negarte que es cómodo, que las horas están bien distribuidas para cada actividad, pero…


¿Dónde está el tiempo que me corresponde por haber vivido, por haber amado, por haber tenido hijos, por haberme incluso vuelto “niño”, con mis nietos? ¿Dónde está?

A veces se me ocurre que somos muchos los que nos hacemos estas preguntas, pero que no nos atrevemos a gritarlas en voz alta… y por eso deambulamos por los patios, por los corredores, casi sin mirarnos…


Es invierno. Afuera hace frío. Los grandes parques permanecen desiertos.


La calefacción central ha sido encendida. Entonces nos acercamos hondamente, como para despojarnos de todos los fríos… y nos unimos.


Sí, nos unimos, pero sin olvidarnos de la tristeza. Es más, Señor, la tristeza llega a ser nuestra amiga y reímos. Y la pregunta vuele en el silencio y se hace más grande cada atardecer.. muy adentro, cuando la noche hace cerrar todas las puertas.
Siempre habrá alguien que esté solo…y no pueda prestarse los secretos que vemos crecer en los otros, desde lejos.

 



Esta es mi familia Señor. Mi mujer, los niños, todo lo que puedo yo ofrecerte. El trabajo de cada día, y finalmente, el regreso.

La mesa servida, olorosa. El apuro de contar hechos, los cuadernos, las notas, el amiguito nuevo… el juguete roto. Nos hemos reunido en tu nombre, por eso te dejamos, el lugar que te corresponde, el de la cebecera:

— No, no, por favor, acepta. Este es tu lugar. No te incomodes.

Sírvete de mi mesa. Recoge mi entrega. Visita mi casa. Habítala. ¿Sabes, Señor? Todo te pertenece. Todo te lo damos:

— Por la paz
— Por el dolor
— Por el amor
— Por el secreto de estar unidos en esta mesa, mesa simple, bullanguera, abierta a los amigos, generosa de huéspedes… donde la palabra crece en la justicia, en el perdón…, donde el silencio se hace, para compartirnos.


Fuente: Los hombres te hablan, Señor “
Adriana H. Grasso - Ediciones Paulinas.


Conferencia Episcopal Peruana

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