Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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UNA VOZ GRITA EN EL DESIERTO
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2º Domingo de Adviento (ciclo C): 6 de diciembre del 2015

Baruc 5,1-9  -  Flp, 1,4-11  -  Lc 3,1-6

 

UNA VOZ GRITA EN EL DESIERTO

Desde el siglo 6º antes de Cristo, el pueblo de Israel no tiene profetas:

Ya no tenemos profetas y nadie sabe hasta cuándo (Sal 74,9).

   Siglos después, Dios habla pero no en Roma ni en Jerusalén, sino

en el desierto, donde está el profeta Juan, hijo de Zacarías e Isabel.

Desde el desierto, Juan predica un bautismo de conversión… prepara

el camino del Señor… anuncia que todos verán la salvación de Dios.

 

Juan predica un bautismo de conversión

   Juan el Bautista, sacerdote rural como su padre Zacarías,

deja sus labores del templo y se va al desierto a orillas del Jordán,

donde vive con sencillez, oye la voz de Dios y la pone en práctica.

   Desde el desierto, Juan predica un bautismo de conversión,

que no se reduce a un rito: sumergirse en las aguas del Jordán,

sino en mostrar los frutos de una sincera conversión.

   Luego, para que la gente no piense que él es el Mesías, anuncia:

Yo les bautizo con agua, pero viene uno con más autoridad que yo…

Él les bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Más tarde,

con el pueblo que viene a bautizarse, Juan bautiza a Jesús.

   Durante su juventud, Agustín de Hipona (354-430) busca a Dios,

entre luces y sombras; y esta búsqueda sincera lo lleva a exclamar:

¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? ¿Mañana? ¿Por qué no hoy

mismo? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas en esta misma hora?

Su bautismo, a los 33 años, significa conversión y cambio de vida.

   La conversión es un proceso permanente que abarca toda la vida:    

Todo bautizado ha de romper continuamente con lo que aún tiene

del hombre viejo, del hombre pecador, siempre inclinado a ceder a

la tentación del demonio (y cuánto actúa en nuestro mundo y en estos

momentos de conflicto, de odio y de guerra), que lo lleva: al egoísmo,

a encerrarse en sí mismo y a la desconfianza, a la violencia y al

instinto de destrucción, a la venganza, al abandono y a la explotación

de los más débiles” (Papa Francisco, en Centroáfrica, 30 nov. 2015).

 

Preparen el camino del Señor

   Cuando nace Juan, su padre Zacarías, lleno del Espíritu Santo, dice:

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante

del Señor, a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo

la salvación, el perdón de sus pecados (Lc 1,76s).

   Ahora que el tiempo se ha cumplido, Lucas citando al profeta Isaías

escribe: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor.

Se trata de un camino donde hay: misericordia, compasión, perdón…

Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está

cerca. Que el malvado abandone su camino, que el criminal deje sus

planes. Vuélvanse al Señor y Él tendrá compasión de ustedes (Is 55).

   Siendo Jesús el Camino que nos conduce a Dios, digamos con fe:

Señor, que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir

los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio.

Que nos preocupemos de compartir -en la caridad- las angustias

y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres y mujeres,

y así les mostremos el camino de la salvación (Plegaria Eucarística V/c).

 


Todos verán la salvación de Dios

   El año 2014, solamente 85 poderosos más ricos del mundo tenían

la misma cantidad de dinero que 3,500’000,000 de personas pobres.

Las consecuencias están a la vista: el peso de la miseria que sufren

los niños, jóvenes y adultos; y la destrucción de nuestra madre tierra.

   *Sabiendo que Jesús vino a salvar lo que está perdido (Lc 19,10),

los cristianos no podemos permanecer indiferentes e impasibles.

Salgamos al encuentro de los hermanos de Jesús que necesitan:

alimento, agua, vestido, salud, vivienda, trabajo, educación (Mt 25).

   *En estos días se realiza en París la COP 21 sobre cambio climático.

A estas alturas, ¿para qué sirvieron las Cumbres anteriores?

Lamentablemente, prevalecen los intereses de ciertos países como

EE.UU, China, Rusia… y de muchas empresas transnacionales.

   Al respecto, preguntaron al Papa Francisco: ¿Usted cree que se den

pasos importantes? Su respuesta fue: Estamos al borde de un suicidio,

pero estoy seguro de que casi la totalidad de los que están en París

tienen esta consciencia y quieren hacer algo… Confío en esta gente, 

hará algo. Espero que sea así y rezo por ello (30 noviembre 2015).

   La oración de los pobres hará posible salvar lo que está perdido,

y que Adviento sea la venida de un mundo nuevo para todos.

J. Castillo A.

 


ABRIR CAMINOS NUEVOS

   Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.

   Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: Preparad el camino del Señor. ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy?  ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con Él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

   Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con Él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

   En medio del “desierto espiritual” de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a Él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

   No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

   La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una fe nueva, no por vía de “adoctrinamiento” o de “aprendizaje teórico”, sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el Evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

   Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de la “nueva evangelización” consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin Él no es posible engendrar una fe nueva.

José Antonio Pagola (2012)

 

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