Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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Domingo XXIX, Tiempo Ordinario, ciclo B: 21 octubre 2012
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SERVIR Y DAR VIDA

*Mi Siervo liberará a todos cargando sus pecados (Is 53,10-11)


*Acerquémonos a Dios para obtener misericordia (Heb 4,14-16)


*El Hijo del hombre vino a servir y a dar su vida (Mc 10,35-45)



 

 

 


¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber?

Mientras sigue su camino a Jerusalén, Jesús reúne a los Doce

y les anuncia -por tercera vez- su pasión, muerte y resurrección.

Fue entonces cuando Santiago y Juan le piden: Maestro, concédenos

sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús no les promete nada, solo les pregunta: ¿Pueden beber el cáliz

que yo he de beber o recibir el bautismo que yo voy a recibir?

Beber el cáliz y recibir el bautismo son expresiones que se refieren

a la muerte en la cruz, el camino elegido por Jesús para dar vida.

*En la cena de despedida, Jesús toma el cáliz lleno de vino y dice:

Éste es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos.

Y en Getsemaní ruega al Padre diciendo: Aparta de mí este cáliz

*Sobre el bautismo, Jesús dice: He de recibir un bautismo, y ¡qué

angustia siento hasta que se haya cumplido! (Lc 12,50;  cf. Rom 6,3).

Por ahora, Santiago y Juan responden: ¡Podemos! Pero, más tarde

comprenderán que los caminos de Dios son diferentes (Is 55,8).

Según el Evangelio de Marcos: Junto con Jesús crucificaron

a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda (15,27).

Santiago y Juan, pensando en la gloria y en el poder de este mundo,

no advierten que estos mismos poderes terrenales son los que matan

y los que eligen quién está a la derecha y a la izquierda de la cruz.

Ellos beberán el cáliz y serán bautizados, cuando sean perseguidos

-como Jesús- por las autoridades políticas y religiosas. Y así sucedió.

Dichas autoridades prohíben a Pedro y a Juan hablar y enseñar

en nombre de Jesús (Hch 4,1-22). También llaman a los apóstoles,

los azotan y les prohíben hablar en nombre de Jesús (Hch 5,17-42).

Más tarde, Herodes Agripa I persigue a los miembros de la Iglesia,

hace degollar a Santiago, el hermano de Juan… (Hch 12,1-2).

Santiago y Juan son felices pues dieron su vida por la causa de Jesús:

Felices los que son perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,10).

Entre ustedes no ha de ser así

Los otros diez, al oír esto, se enojan contra Santiago y Juan, porque

ellos también tienen sus intereses personales; y el seguimiento a Jesús

lo están convirtiendo en un camino para tener privilegios terrenales.

Jesús, como buen Maestro, aprovecha esta oportunidad para decirles:

*Ustedes saben que los gobernantes dominan y los grandes oprimen.

Haciendo un poco de historia, en aquella época el pueblo judío

estaba dominado, externamente, por el imperio romano;

e, internamente, por los terratenientes y los negociantes del templo.

En este contexto, los seguidores de Jesús deben ir contracorriente,

para acabar con ese cáncer político y religioso que oprime y tiraniza.

*A continuación Jesús añade: Entre ustedes no ha de ser así;  

el que quiera ser grande que se haga servidor de los demás.

Jesús busca introducir en este mundo una comunidad diferente,

donde queda suprimido todo tipo de dominio sobre los demás,

y donde la autoridad debe ser entendida y vivida como un servicio.

En la comunidad de Jesús la autoridad: -no es un premio por méritos

adquiridos, -ni el reconocimiento de una buena conducta,

-tampoco se otorga a quienes den garantías de guardar el orden.

La autoridad es un servicio y termina cuando se convierte en poder.

*Luego Jesús les habla con el testimonio de su propia vida:

El Hijo del hombre vino a servir y a dar su vida en rescate de todos.

Jamás debemos olvidar que Jesús, día tras día, fue entregando su vida

por una causa: hacer realidad entre nosotros el Reinado de Dios.

Desde entonces los seguidores de Jesús estamos llamados a dar vida.

-Dar vida es buscar primero el Reino de Dios y su justicia.

-Dar vida es hacer realidad una Iglesia pobre entre los pobres.

-Dar vida es acoger a los excluidos por la sociedad y la religión.

-Dar vida es defender los derechos de todos en especial de los pobres.

-Dar vida es rechazar el actual modelo neocolonialista y consumista.

-Dar vida es derramar nuestra sangre y morir por causa del Evangelio.

*En pocas palabras, el Vaticano II nos sigue desafiando al decir:

No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Solo desea una cosa:

continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo,

quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar

y no para juzgar, para servir y no para ser servido (GS, n.3).

www.arzhuancayoperu.org (clic: Homilías Mensajes)    J. Castillo A

DE ESO NADA

Mientras suben a Jerusalén, Jesús va anunciando a sus discípulos el destino doloroso que le espera en la capital. Los discípulos no le entienden. Andan discutiendo entre ellos por los primeros puestos. Santiago y Juan, discípulos de primera hora, se acercan a Él para pedirle directamente sentarse un día el uno a su derecha y el otro a su izquierda.

A Jesús se le ve desalentado: No sabéis lo que pedís. Nadie en el grupo parece entenderle que seguirle a Él de cerca colaborando en su proyecto, siempre será un camino, no de poder y grandezas, sino de sacrificio y cruz.

Mientras tanto, al enterarse del atrevimiento de Santiago y Juan, los otros diez se indignan. El grupo está más agitado que nunca. La ambición los está dividiendo. Jesús los reúne a todos para dejar claro su pensamiento.

Antes que nada, les expone lo que sucede en los pueblos del imperio romano. Todos conocen los abusos de Antipas y las familias herodianas en Galilea. Jesús lo resume así: Los que son reconocidos como jefes utilizan su poder para ‘tiranizar’ a los pueblos, y los grandes no hacen sino ‘oprimir’ a sus súbditos. Jesús no puede ser más tajante: Vosotros, nada de eso.

No quiere ver entre los suyos nada parecido: El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, que sea esclavo de todos. En su comunidad no habrá lugar para el poder que oprime, solo para el servicio que ayuda. Jesús no quiere jefes sentados a su derecha e izquierda, sino servidores como Él, que dan su vida por los demás.

Jesús deja las cosas claras. Su Iglesia no se construye desde la imposición de los de arriba, sino desde el servicio de los que se colocan abajo. No cabe en ella jerarquía alguna en clave de honor o dominación. Tampoco métodos y estrategias de poder. Es el servicio el que construye la comunidad cristiana.

Jesús da tanta importancia a lo que está diciendo que se pone a sí mismo como ejemplo, pues no ha venido al mundo para exigir que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Jesús no enseña a nadie a triunfar en la Iglesia, sino a servir al proyecto del Reino de Dios desviviéndonos por los más débiles y necesitados.

La enseñanza de Jesús no es solo para los dirigentes. Desde tareas y responsabilidades diferentes, hemos de comprometernos todos a vivir con más entrega al servicio de su proyecto. No necesitamos en la Iglesia imitadores de Santiago y Juan, sino seguidores fieles de Jesús. Los que quieran ser importantes, que se pongan a trabajar y colaborar.  

José Antonio Pagola (2012)

NADA DE ESO ENTRE NOSOTR0S

Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a Él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús, tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición: Queremos que hagas lo que te vamos a pedir. Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. No sabéis lo que pedís. No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones.

La ambición siempre divide y enfrenta a los discípulos de Jesús. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompe la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús los reúne para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar a sus seguidores. Todos conocen sobradamente cómo actúan los romanos, jefes de los pueblos y grandes de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, vosotros nada de eso.

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente: El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas en la Iglesia de Jesús no se hace más grande, sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús: servir.

En la Iglesia, todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca para ser servido, sino para servir. Éste es el mejor y más admirable resumen de lo que fue su vida. 

                                        J. A. Pagola (2009)



 

 

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