Miércoles, 21 de Febrero del 2024
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13º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo C: 30 de junio del 2019
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EXIGENCIAS PARA SEGUIR A JESÚS


   Jesús deja la región de Galilea y decide  ir a Jerusalén, donde:

será condenado a muerte por el poder religioso, político y económico.

¡Jerusalén, Jerusalén que apedreas y matas a los profetas! (Lc 13,34).

   Sigamos a Jesús asumiendo su proyecto: vivir ligeros de equipaje,

anunciar el Reino de Dios a todos los pueblos, liberar a los oprimidos.

 


Seguir a Jesús: viviendo pobre entre los pobres


   Jesús tiene autoridad moral para anunciar el Evangelio a los pobres,

porque nace pobre, vive pobre entre los pobres, y muere pobre.

Por eso, cuando envía a sus discípulos a proclamar el Reino de Dios

y a sanar enfermos, les dice: No lleven nada para el camino,

ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas (Lc 9,1ss).

   Ahora bien, mientras Jesús y sus discípulos van a Jerusalén,

una persona le dice: Señor, te seguiré a dondequiera que vayas.

Jesús le responde: Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos,

pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

   Seguir a Jesús -ayer y hoy- no es para ganar dinero,

tampoco para ascender socialmente, ni para dominar a los débiles.

Jesús por propia decisión no tiene casa propia, vive ligero de equipaje,

y pide a sus discípulos/as crear una comunidad familiar, porque:

Mi madre y mis hermanos -nos dice- son aquellas personas

que escuchan la Palabra de Dios y la practican (Lc 8,20s).

   Seguir a Jesús requiere una Iglesia que deje de lado la tibieza:

Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta

en un poderoso centro de irradiación de la vida de Cristo (…).

Que la fuerza del Espíritu Santo nos libre del pesimismo (DA, n.362).

   Seguir a Jesús hecho pobre, y siempre cercano a los pobres (…),

significa ver el sufrimiento y oír los lamentos de los indefensos,

pues: La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia

y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia

y quiere responder a él con todas sus fuerzas (EG, n. 186 y 188).


Seguir a Jesús: anunciando el Reino de Dios


   En el segundo caso es el mismo Jesús quien le dice: Sígueme.

Pero el interesado contesta: Déjame primero ir a enterrar a mi padre.

Esta actividad es digna de todo hijo que ama a su padre y a su madre.

Sin embargo, la respuesta de Jesús va a la raíz de un problema:

Deja que los muertos entierren a sus muertos,

tú ve y anuncia el Reino de Dios.

   En aquella época, si un hijo declaraba que una propiedad…

o cierta cantidad de dinero… han sido donadas al templo,

ya no tenía obligación de ayudar a sus padres (Mc 7,9ss).

Dejan de lado la Palabra de Dios y dan más importancia a la ofrenda.

  Hoy en día, hay hijos que abandonan a sus queridos padres…y solo

se acuerdan de ellos cuando mueren, para realizar un entierro de lujo.

Que los muertos entierren a sus muertos es dejar estas “costumbres”.

Lo más importante es anunciar el Reino de Dios que es amor y vida,

pues, la gloria de Dios consiste en que todos tengamos vida plena.


 

Seguir a Jesús: liberando a los oprimidos


   Una tercera persona se acerca a Jesús y le dice:

Señor, te seguiré, pero primero déjame despedirme de mi familia.

El Profeta de Nazaret le responde: El que pone la mano en el arado

y sigue mirando atrás, no sirve para el Reino de Dios.

   Actualmente, no podemos liberar a los oprimidos,

mirando a otro lado: Cualquier comunidad de la Iglesia,

en la medida en que pretenda subsistir tranquila

sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia

para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos (…),

fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual,

disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas,

o con discursos vacíos. (EG -Alegría del Evangelio- 2013, n.207).

   En el Plenario del Consejo Pontificio para los laicos, el Papa dijo:

Así también ustedes levanten la mirada y miren “fuera”:

-a los muchos “lejanos” de nuestro mundo,

-a tantas familias en dificultad y necesitadas de misericordia,

-a tantos campos de apostolado aún por explorar,

-a los numerosos laicos con corazón bueno y generoso,

que con gusto pondrían al servicio del Evangelio sus energías.

(Discurso a los participantes, 17 de junio del 2016). Javier Castillo A  


 

CÓMO SEGUIR A JESÚS


   Jesús emprende con decisión su marcha hacia Jerusalén. Sabe el peligro que corre en la capital, pero nada lo detiene. Su vida solo tiene un objetivo: anunciar y promover el proyecto del Reino de Dios. La marcha comienza mal: los samaritanos lo rechazan. Está acostumbrado: lo mismo le ha sucedido en su pueblo de Nazaret.

   Jesús sabe que no es fácil acompañarlo en su vida de profeta itinerante. No puede ofrecer a sus seguidores la seguridad y el prestigio que pueden prometer los letrados de la ley a sus discípulos. Jesús no engaña a nadie. Quienes lo quieran seguir tendrán que aprender a vivir como Él.

   Mientras van de camino, se le acerca un desconocido. Se le ve entusiasmado: Te seguiré adonde vayas. Antes que nada, Jesús le hace ver que no espere de Él seguridad, ventajas ni bienestar. Él mismo no tiene dónde reclinar su cabeza. No tiene casa, come lo que le ofrecen, duerme donde puede.

   No nos engañemos. El gran obstáculo que nos impide hoy a muchos cristianos seguir de verdad a Jesús es el bienestar en el que vivimos instalados. Nos da miedo tomarle en serio porque sabemos que nos exigiría vivir de manera más generosa y solidaria. Somos esclavos de nuestro pequeño bienestar. Tal vez, la crisis económica nos puede hacer más humanos y más cristianos.

   Otro pide a Jesús que le deje ir a enterrar a su padre antes de seguirlo. Jesús le responde con un juego de palabras provocativo y enigmático: Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios. Estas palabras desconcertantes cuestionan nuestro estilo convencional de vivir.

   Hemos de ensanchar el horizonte en el que nos movemos. La familia no lo es todo. Hay algo más importante. Si nos decidimos a seguir a Jesús, hemos de pensar también en la familia humana: nadie debería vivir sin hogar, sin patria, sin papeles, sin derechos. Todos podemos hacer algo más por un mundo más justo y fraterno.

   Otro está dispuesto a seguirlo, pero antes se quiere despedir de su familia. Jesús le sorprende con estas palabras: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios. Colaborar en el proyecto de Jesús exige dedicación total, mirar hacia adelante sin distraernos, caminar hacia el futuro sin encerrarnos en el pasado.

   Recientemente, el Papa Francisco nos ha advertido de algo que está pasando hoy en la Iglesia: Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, sacándonos de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados y egoístas, para abrirnos a los suyos.


José Antonio Pagola (2013)

 

Texto completo del Discurso del Papa Francisco:

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/june/documents/papa-francesco_20160617_plenaria-pc-laici.html

 

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