Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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6º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 16 de febrero del 2020
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DAR CUMPLIMIENTO A LA LEY DE DIOS

*No vine a suprimir la ley y los profetas, sino a dar cumplimiento.

No matesNo cometas adulterioNo hagas juramentos falsos

*Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad,

pero que esta libertad no dé rienda suelta a sus bajos instintos,

más bien, háganse servidores unos de otros por medio del amor.

Porque toda la ley se cumple con un solo mandamiento:

amarás a tu prójimo como a ti mismo (Gál 5,13s;  cf. Jn 13,34).

 

No mates

   El quinto mandamiento prohíbe matar, pero no se trata únicamente

de la muerte física ocasionada por la violencia y la guerra fratricida.

   Hace falta arrancar de nuestros corazones los asesinatos morales:

desprecio, odio, insulto, venganza… pues en todo esto, falta el amor.

   Y, necesitamos reconciliarnos: Mientras llevas tu ofrenda al altar,

te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti: deja tu ofrenda…

y ve primero a reconciliarte… luego, regresa y presenta tu ofrenda.

¿Tiene sentido “oír Misa entera”, cuando hay pobres explotados

que -sin decirlo expresamente- tienen alguna queja contra nosotros? 

¿Es justo que hayan personas que se hacen cada vez más ricas,

explotando a otros? ¿Serán capaces de reconciliarse con los pobres?

   En abril de 1514, le piden al sacerdote Bartolomé de Las Casas,

-terrateniente en Cuba y en Santo Domingo- celebrar la Eucaristía.

Él se prepara meditando el siguiente texto del libro del Eclesiástico:

Ofrecer algo adquirido injustamente es una ofrenda impura.

Robar lo que pertenece a los pobres y ofrecérselo a Dios

es como matar un hijo delante de su padre (Eclo 34,18ss).

   Al tomar conciencia que siendo terrateniente explota a los indios,

Bartolomé de Las Casas decide no celebrar la Eucaristía,

pues, a Dios no le agrada la ofrenda impura, producto de sus robos.

Solamente después de liberar a los indios, celebra la Eucaristía,

ofreciendo el pan de vida y el vino, bebida de salvación

No cometas adulterio

   ¿Cuáles son las raíces profundas de un fracaso matrimonial?

¿Por qué tantos esposos llevan una vida matrimonial vacía?

¿Hasta cuándo soportarán las apariencias de un amor inexistente?

¿A qué se debe que él o ella miran a otra persona con malos deseos,

buscan otra relación amorosa, llegando a cometer adulterio?

   En nuestros días, muchas personas acceden al matrimonio religioso  

por motivos superficiales y pasajeros: dinero, poder, belleza, fama;

costosos y superfluos adornos, fiesta hasta las últimas consecuencias.

   Para remediar estas deficiencias, no basta dar algunas charlas.

Hace falta una educación integral, para que la vida matrimonial

se fundamente en el amor por lo que “son” y no por lo que “tienen”.

Al respecto, tengamos presente lo que dijo Juan Pablo II, en Puebla:

Hagan todos los esfuerzos para que haya una pastoral familiar.

Atiendan a este campo tan prioritario con la certeza de que

la evangelización en el futuro depende de la “Iglesia doméstica”.

 

No hagas juramentos falsos

   Vivimos en una sociedad “cristiana” donde abundan: promesas

y juramentos falsos, usando para ello la Biblia y el Crucifijo.

Todo eso es una hipocresía que solo sirve para: robar… coimear…

mentir… explotar a las personas pobres… destruir la madre tierra…

Qué diferente la sabiduría de nuestros antepasados, los Incas,

ellos decían: No seas ladrónNo seas flojoNo seas mentiroso

   Otro mundo es posible, poniendo en práctica la Palabra de Dios: 

*No oprimas ni maltrates a los emigrantes… No explotes a las viudas

ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos gritan a mí,

yo les oiré y se encenderá mi cólera contra ustedes... (Ex 22,20ss).

*¡Ay de las autoridades que se apacientan a sí mismas!

No fortalecen a las personas débiles, ni sanan a las enfermas.

No acogen a las descarriadas, ni buscan a las perdidas (Ez 34,2ss).

*¡Ay de los que corrompen la justicia, pisotean el derecho,

odian al que juzga rectamente, y detestan al testigo honrado!...

Yo conozco tus crímenes y tus pecados: oprimes al inocente

aceptas sobornos, atropellas al pobre en el tribunal (Amós 5,7ss).

*Jesús nos dice: No juren por el cielo… ni por la tierra

Digan sí, cuando es sí, y no cuando es no,

cualquier otra cosa que se añade, viene del demonio.  Javier Castillo

 

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

   Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de Él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

   También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el Reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con Él en hacer una vida más justa y fraterna.

   Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena: No matarás. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

   Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

   Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

   No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de cristianos en guerra contra otros cristianos. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: No a la guerra entre nosotros.

   Así habla el Papa: Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis.

José Antonio Pagola (2014)

 

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