Miércoles, 28 de Febrero del 2024
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7º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A: 23 de febrero del 2020
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AMAR COMO JESÚS NOS ENSEÑA

   ¿Los cristianos practicamos las enseñanzas de Jesús que nos dice:

No respondan con violencia… Amen a sus enemigos… Sean perfectos?

   Al cabo de veinte siglos da la impresión de haber avanzado muy poco:

-¿Acogemos al herido abandonado para darle vida? (Lc 10,30ss).

-¿Nos preocupamos de Lázaro o preferimos engordar? (Lc 16,19ss).


 

No respondan con violencia a quienes les hacen mal

   Después de compartir el pan con unas cinco mil personas,

la gente quiere proclamarlo rey, pero Jesús se va al monte (Jn 6,15),

porque sabe que el Reino de Dios no se construye desde el poder.

   Ante la ambición de sus discípulos de ocupar los primeros puestos,

Jesús les dice: Los jefes de las naciones someten a sus súbditos,

y los poderosos imponen su autoridad. Ustedes no sean así.

El que quiera ser grande, que se haga servidor de los demáscomo

el Hijo del hombre que vino a servir y a dar su vida (Mt 20,25ss).

Sigamos el camino de Jesús que acoge y sirve a los más necesitados.

   Lamentablemente, hoy, ciertas autoridades: buscan sus intereses,

abusan del poder que tienen, roban, mienten, coimean, sobornan

En el encuentro de obispos de América Latina (en Bogotá), se dijo:

La palabra que Jesús dirige a los pobres es de esperanza y de júbilo.

En cambio, la palabra que dirige a los ricos es de preocupación,

de llamado a la conversión, al abandono de los privilegios,

y de compasión activa por la distribución de los bienes.

(“La No-violencia evangélica: fuerza de liberación”, nov - dic, 1977).

   Cuando Jesús es interrogado sobre sus discípulos y enseñanzas,

responde: Yo he hablado públicamente… ¿Por qué me preguntas?

Pregunta a los que me han oído, ellos saben lo que les dije.

Fue entonces cuando un guardia le da una bofetada diciéndole:

¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le dice: Si hablé mal,

dígame en qué; y si hablé bien, ¿por qué me golpeas? (Jn 18,19ss).

Así es Jesús, no responde con violencia que genera más violencia.


Amen a sus enemigos y oren por sus perseguidores

   Jesús desde su experiencia de ser Hijo del Padre misericordioso,

nos dice: Amen a sus enemigos y oren por sus perseguidores.

   Amar al enemigo, al perseguidor, al violento, al delincuente…

no significa aprobar sus: robos, maldades, calumnias, insultos…

Debemos luchar contra el pecado, pero sin eliminar al pecador.

  Actuemos con el mismo amor del Padre que acoge a todos sus hijos, 

y respetemos la vida de nuestros enemigos para que ellos

-con la fuerza de la oración y del amor- cambien, se conviertan.

   *Jesús muere perdonando… A un malhechor le promete el Reino.

Un capitán romano confiesa: Este hombre es inocente (Lc 23,32ss).

   *San Pablo nos pide: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer,

si tiene sed, dale de beber… No te dejes vencer por el mal,

al contrario, vence al mal haciendo el bien. (Rom 12,20s).

   *San Agustín (354-430) dice: Ama a todos, incluso a tus enemigos.

Es necesario que ardas de amor fraterno por tu enemigo,

para que a fuerza de amar, tu enemigo llegue a ser un hermano tuyo.

Comentario a la primera carta de san Juan, 10,7). 


 

Sean perfectos como es perfecto el Padre del cielo

   Cuando Felipe le dice: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta;

Jesús le contesta: El que me ha visto, ha visto al Padre (Jn 14,8ss).

Ciertamente, Jesús es el rostro humano de Dios(DA, 107).

Por eso, al ver a Jesús, al oír sus enseñanzas, al seguir su ejemplo,

nos encaminamos hacia una meta: Ser perfectos como Dios Padre,

ser misericordiosos (Lc 6,36) y santos como Él (1ª lectura).

   Recordemos que esto lo dice Jesús a una multitud y a sus discípulos.

Y, más adelante, cuando un joven rico se acerca y le pregunta:

Maestro, ¿qué obra buena debo hacer para alcanzar la vida eterna?

Jesús le dice: Cumple los mandamientos… Y como los ha cumplido,

el joven insiste preguntando: ¿Qué más me falta? Jesús le responde:

Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselo a los pobres,

así tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.

Al oír esto, el joven se va triste, porque es muy rico (Mt 19,16ss).

   Ser perfectos como es perfecto nuestro Padre del cielo,

significa: construir una sociedad nueva fundada en la misericordia,

compasión, solidaridad, generosidad… En una palabra, en el amor:

Ámense unos a otros como yo les amo a ustedes (Jn 13,34) J. Castillo

 

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

   La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

   Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian.

   Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

   El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

   Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón. Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

   Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

   El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.       

José Antonio Pagola (2014)

 

 

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