Jueves, 6 de Octubre del 2022
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ASCENSIÓN DEL SEÑOR, CICLO B: 16 DE MAYO DEL 2021
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*Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? (Hch 1,1-11)

*Si Jesús subió, quiere decir que antes bajó a esta tierra (Ef 4,1-13)

*Jesús asciende al cielo y está a la derecha del Padre (Mc 16,15-20)

 

ANUNCIEN  EL  EVANGELIO

   El texto de Marcos (16,9-20) fue añadido a mediados del siglo II.

La Ascensión de Jesús que celebramos hoy, se remonta al siglo IV.

   Al respecto, reflexionemos en los siguientes temas del Evangelio:

*Anuncien la Buena Noticia del Reino y sanen a los enfermos.

*El que crea y se bautice se salvará.

*Jesús asciende al cielo y está a la derecha del Padre.

 

Anuncien la Buena Noticia del Reino y sanen a los enfermos

   El evangelista Marcos empieza su texto, diciendo:

Comienzo de la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios.

Buena Noticia es el mismo Jesús que sana y da vida a los enfermos,

despierta esperanza entre las personas pobres y despreciadas.

Lo único que nos pide es amarnos, dejando privilegios y títulos.

Por eso, la gente sencilla alaba a Dios por las obras que hace, pero

las autoridades políticas y religiosas buscan matarle (Mc 3,6).

   Ahora bien, para anunciar el Evangelio, el Papa Francisco nos dice:

Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo,

las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad…

Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros

para que sientan el calor de nuestra presencia, amistad y fraternidad.

Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera

de la indiferencia que suele reinar campante para esconder

la hipocresía y el egoísmo (“Rostro de la misericordia”, 2015, nº 15).

   Para que la Buena Noticia del Reino llegue a toda la humanidad,

Jesús busca discípulos, identificados con su proyecto (Mc 1,16ss).

Entre sus seguidores, hay también varias mujeres: Ellas,

cuando Jesús estaba en Galilea, le habían seguido y servido,

y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén (Mc 15,40s).

   A María Magdalena, a María de Santiago y a María de Salomé,

un Ángel les anuncia la resurrección de Jesús de Nazaret,

pero ellas no dicen nada a nadie porque tienen miedo (Mc 16,5-8).

 

El que crea y se bautice se salvará

   Actualmente, hay creyentes que viven su fe de una manera infantil,

porque, al no actuar en conciencia ni ejercer su propia libertad,

esperan que la autoridad religiosa les diga lo que deben creer y hacer.

   Tengamos presente que el Catecismo de la Iglesia Católica dice:

Mediante el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía,

se ponen los fundamentos de toda la vida cristiana (nº 1212).

   El siguiente texto del Concilio Vaticano II es de gran actualidad:

Dios tiene en cuenta la dignidad del ser humano que Él mismo creó,

y que debe regirse por su propia determinación y usar de libertad

Pues Cristo nuestro Maestro y Señor, de corazón manso  y humilde,

atrajo e invitó pacientemente a los discípulos.

Cierto que apoyó y confirmó con milagros su predicación, a fin de

suscitar y afianzar la fe de sus oyentes; pero no para forzarlos (…).

Dio testimonio de la verdad, pero no la quiso imponer por la fuerza

a los que la resistían. Pues su Reino no se defiende con la violencia,

sino que se establece dando testimonio de la verdad.

(cf. Declaración sobre la Libertad Religiosa, DH, nº 11).   

 

Jesús asciende al cielo y está a la derecha del Padre

   Refiriéndose a su Ascensión, Jesús dice a sus discípulos:

Les digo la verdad: Es mejor para ustedes que yo me vaya.

Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor (=el Espíritu Santo),

pero si me voy, yo le enviaré a ustedes (Jn 16,7).

   Después de la Ascensión, sus seguidores/as anuncian el Evangelio: 

*Pedro y Juan proclaman la resurrección de Jesús y son arrestados.

*El diácono Esteban -lleno de gracia y poder- habla con sabiduría,

sin embargo, es calumniado y muere apedreado fuera de la ciudad.

*En Samaría, el diácono Felipe sana enfermos y anuncia a Jesús.

*En Antioquía, el Espíritu Santo y la comunidad cristiana separan

a Pablo y Bernabé, para que realicen una misión entre los paganos.

*La diaconisa Febe goza de autoridad en la comunidad de Sencreas.

*Aquila y Prisca -compañeros de trabajo de Pablo en Roma, Éfeso

y Corinto- para salvar la vida del apóstol, arriesgan la suya.

   La Ascensión del Señor no es motivo para quedarnos mirando

al cielo (1ª lectura). Sigamos el ejemplo de tantos hermanos mayores

en la fe, y con la fuerza del Espíritu Santo y la compañía de Jesús,

anunciemos el Evangelio en las familias y en la sociedad. J. Castillo

 

NUEVO COMIENZO

   Los evangelistas describen con diferentes lenguajes la misión que Jesús confía a sus seguidores. Según Mateo, han de “hacer discípulos” que aprendan a vivir como Él les ha enseñado. Según Lucas, han de ser “testigos” de lo que han vivido junto Él. Marcos lo resume todo diciendo que han de proclamar el Evangelio a toda la creación.

   Quienes se acercan hoy a una comunidad cristiana no se encuentran directamente con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de una religión envejecida, con graves signos de crisis. No pueden identificar con claridad en el interior de esa religión la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos.

   Por otra parte, muchos cristianos no conocen directamente el Evangelio. Todo lo que saben de Jesús y su mensaje es lo que pueden reconstruir de manera parcial y fragmentaria escuchando a catequistas y predicadores. Viven su religión privados del contacto personal con el Evangelio.

   ¿Cómo podrán proclamarlo si no lo conocen en sus propias comunidades? El Concilio Vaticano II ha recordado algo demasiado olvidado en estos momentos: El Evangelio es, en todos los tiempos, el principio de toda su vida para la Iglesia. Ha llegado el momento de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde lo primero es acoger el Evangelio de Jesús.

   Nada puede regenerar el tejido en crisis de nuestras comunidades  como la fuerza del Evangelio. Solo la experiencia directa e inmediata del Evangelio puede revitalizar a la Iglesia. Dentro de unos años, cuando la crisis nos obligue a centrarnos solo en lo esencial, veremos con claridad que nada es más importante hoy para los cristianos que reunirnos a leer, escuchar y compartir juntos los relatos evangélicos.

   Lo primero es creer en la fuerza regeneradora del Evangelio. Los relatos evangélicos enseñan a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Hacen vivir la vida cristiana, no como deber sino como irradiación y contagio. Es posible introducir ya en las parroquias una dinámica nueva. Reunidos en pequeños grupos, en contacto con el Evangelio, iremos recuperando nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

   Hemos de volver al Evangelio como nuevo comienzo. Ya no sirve cualquier programa o estrategia pastoral. Dentro de unos años, escuchar juntos el Evangelio de Jesús no será una actividad más entre otras, sino la matriz desde la que comenzará la regeneración de la fe cristiana en las pequeñas comunidades dispersas en medio de una sociedad secularizada.                             

José Antonio Pagola (2012)

 

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