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LA LEY Y LAS TRADICIONES
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VI Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A): 16 febrero 2014

Eclo 15,16-21  -  1Cor 2,6-10  -  Mt 5,17-37

 

LA LEY Y LAS TRADICIONES

Los escribas y fariseos, dejando de lado los Mandamientos de Dios,

obligan a la gente sencilla practicar 613 preceptos humanos; es decir,

preparan pesadas cargas y las ponen sobre las espaldas de la gente,

pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas (Mt 23,4).

Hoy también, muchos creyentes nos aferramos a ciertas costumbres,

en vez de solidarizándonos con las personas que tienen hambre…

Ante tanta hipocresía, Jesús nos sigue diciendo: No vine a suprimir

la Ley o los Profetas. No vine para suprimir, sino para cumplir.

 

Ustedes han oído que se dijo: No matarás

Para cumplir con este mandamiento no basta evitar la muerte física,

ocasionada, lamentablemente, por la violencia…guerras fratricidas…

También es necesario arrancar de nuestros corazones los asesinatos

morales: el odio, el desprecio, el insulto, la venganza, la injusticia.

Al respecto, Jesús nos dice: Mientras llevas tu ofrenda al altar,

y te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda,

y ve primero a reconciliarte… Luego, regresa y presenta tu ofrenda.

¿Tiene sentido  realizar ceremonias religiosas cuando hay injusticias?  

Lo que Dios quiere no son sacrificios sino misericordia (Oseas 6,6).

En abril de 1514, le pidieron al sacerdote Bartolomé de Las Casas,

terrateniente en Cuba y en Santo Domingo, celebrar la Eucaristía.

Se preparó meditando el siguiente texto del libro del Eclesiástico:

Ofrecer algo adquirido injustamente es una ofrenda impura.

Robar lo que pertenece a los pobres y ofrecérselo a Dios

es como matar un hijo delante de su padre (Eclo 34,18-22).

Cuando Bartolomé de Las Casas descubrió que el pobre era el indio,

cuando descubrió que él mismo era quien explotaba a los indios,

cuando descubrió que iba a ofrecer el pan robado a los pobres indios,

no pudo celebrar la Eucaristía, si antes no liberaba a sus indígenas…

Cuando dejó de ser encomendero-explotador, celebró la Eucaristía,

ofreciendo el pan de la justicia que da vida, y el vino de salvación.


 

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio

¿Cuáles son las raíces profundas de un fracaso matrimonial?

¿Por qué tantos esposos llevan una vida matrimonial vacía?

¿Hasta cuándo soportarán las apariencias de un amor inexistente?

¿A qué se debe que él o ella buscan una nueva relación amorosa?

En nuestros días, muchas personas acceden al matrimonio religioso 

por motivos superficiales: belleza… fama… dinero… poder…

Hay también personas inestables… inmaduras… frágiles…

que tendrán dificultades para ser fieles en el amor matrimonial.

Estas deficiencias, no se remedian con tres charlas prematrimoniales,

con los costosos y superfluos adornos, ni con la fiesta que sigue.

Hace falta una educación integral, para que la vida matrimonial

se fundamente en el amor por lo que ‘son’ y no por lo que ‘tienen’.

Cosas como el dinero pasan, como pasan la juventud, fama y belleza.

En cambio, si se ama a esta persona con sus cualidades y defectos,

ese amor, cada día nuevo y creativo, crecerá con el paso de los años.

 

Ustedes han oído que se dijo: No jurarás en falso

Las siguientes palabras expresan muy bien la hipocresía de quienes

-bajo juramento- dicen una cosa y, luego, hacen todo lo contrario:

Pueblo, palabra tan chiquitita que te han sacado partido,

y no falta algún panudo, que venga a la población

y hablando por el pueblo en un discurso bonito, arregle la situación,

pero eso es lo menor, que el mentir es profesión (Leña gruesa, 1969).

Aquellas personas -con camisa y corbata de marca- que mienten,

roban, explotan... que dejan sin futuro a las próximas generaciones...

ojalá escuchen la voz autorizada de Moisés y de los Profetas:

*No oprimirás ni maltratarás a los emigrantes… No explotarás

a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas y ellos gritan a mí,

yo les escucharé y se encenderá mi cólera contra ustedes… (Ex 22).

*¡Ay de las autoridades que se apacientan a sí mismas!

No fortalecen a las ovejas débiles, ni sanan a las enfermas.

No recogen a las descarriadas, ni buscan a las perdidas… (Ez 34).

*¡Ay de ustedes que convierten la justicia en veneno y arrojan

por los suelos el derecho! ¡Ay de ustedes que odian al que defiende

la justicia y detestan al testigo honrado!... Conozco la multitud de sus

maldades y sus innumerables pecados: oprimen al inocente, aceptan

sobornos, y atropellan a los pobres en el tribunal (Amós, 5).    

J. Castillo A.     


NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

               

            Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de Él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

            También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el Reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con Él en hacer una vida más justa y fraterna.

            Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena: No matarás. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

            Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

            Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

            No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de cristianos en guerra contra otros cristianos. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: No a la guerra entre nosotros.

            Así habla el Papa: Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis.

José Antonio Pagola (2014)

 

 

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